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Los hombres ponen cuidado cuando compran un caballo, y son descuidados cuando eligen amigos
John Muir

La superabundancia de opciones que tenemos hoy en día es algo que casi todos reconocemos como algo que nos da más libertad. Puesto que tenemos más opciones, somos más libres para decidir lo que más nos interesa. Sin embargo, ¿cuántas veces te has encontrado ante una situación en la que te ha sido imposible decidirte? Vas a comprar algo y no sabes qué hacer, y cuando tomas una decisión siempre acabas pensando si escogiste bien, si en vez de este producto deberías haberte llevado aquel otro en su lugar.

En el siguiente vídeo el psicólogo Barry Schwartz nos explica esta paradoja que se puede resumir en la siguiente frase “elegir no nos ha hecho más libres sino más paralizados, no más felices sino más insatisfechos“. Puede parecer una tontería, pero una de las cosas que más inquietud me causa cuando voy al supermercado es llegar a la zona de los lácteos. Tengo delante de mí, tántos tipos de yogures distintos, que nunca tengo claro cuales llevarme. Me siento abrumado con las opciones, me valdría con uno natural y otro de frutas, pero tengo los azucarados, los bio, los muesli, los de mermelada, los tipo cuajada…

Está bien platearse algunas alternativas a la hora de comprar algo, pero estar constántemente tratando de buscar la mejor opción es símplemente imposible. Siempre va a haber algo que en algún aspecto va a ser mejor que lo que has elegido. Tratar de mirar todas las opciones posibles de algo, no hace más que provocarnos inquietud porque siempre nos asaltará la duda de si nuestra elección no podría haber sido mejor. Algo que se nos olvida cuando dedicamos mucho tiempo a elegir algo es el tiempo que empleamos. La próxima vez que dudes ante una elección platéate lo siguiente, ¿merece la pena gastar todo este tiempo en elegir esto? Es lo que se conoce como el coste de oportunidad. Si el tiempo que vas a emplear en decidirte por algo, o a lo que vas a renunciar por gastar ese tiempo, es mayor que el beneficio que vas a obtener luego, entonces no merece la pena.

La solución a esta paradoja pasa por identificar claramente el objetivo de algo. Si el objetivo lo cumple a un precio razonable, la elección es correcta. Volviendo al yogur. Si quieres comer yogur, actúa como lo harías en un restaurante. Cuando pides uno, no te sacan una bandeja con 20 opciones, generalmente te traen uno, te lo comes, y listo. Actúa igual cuando vayas a la zona de lácteos.


Como siempre los subtítulos se pueden poner en español.



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