“En este libro defendemos que también en el trato con los niños existen principios. Que con ciertos métodos nuestros hijos tal vez comerían «mejor», o dormirían más, o nos obedecerían sin rechistar, o se estarían más callados…, pero no podemos usarlos. Y no necesariamente porque tales métodos sean inútiles o contraproducentes, ni porque produzcan «traumas [...]
Pero, ¿qué ocurre cuándo tienes hijos? Las cosas se complican, el vivir solos, lejos del clan, se convierte en un problema. Allí, todos cuidaban de todos, los hijos no requerían el 100% de nuestra atención porque había varios pares de ojos que los vigilaban. Hoy no.
Cuando se es padre te puede pesar la responsabilidad de la educación de los hijos. ¿Lo estaremos haciendo bien? Sin embargo, cómo casi todo en la vida, en el mismo proceso de educar a tus hijos, tú mismo aprendes muchas cosas por el camino de las que ni siquiera vas siendo consciente. Si tuviera que resumirlo en una frase, diría que los hijos nos hacen ser mejores personas. Nos obligan a superarnos. En todo. Estas son algunas de las cosas de he ido aprendiendo:

