El azar sólo favorece a quien sabe cortejarlo. Charles Nicolle
Allí estaba. Mirando con ansiedad hacia la mesa. La bolita no terminada de caer. Llevaba dando vueltas una eternidad. Empezaba a rebotar, ya se acercaba el final. 19, 19, 19. Era casi imposible, no podía ser. Todo se empezaba a poner borroso, notaba en los ojos una sensación extraña, el pulso se relajaba demasiado. Luego todo negro. Cuando despertó, 5 personas de su familia le rodeaban y su hijo le daba palmadas en la cara.
La persona que estaba en el suelo era el patriarca de la familia Pelayo, Gonzalo García-Pelayo.
La historia de esta familia tiene algunas lecciones curiosas de las que todos podemos aprender y que además la hacen ciertamente fascinante.
Allá por el principio de los 90, Gonzalo Pelayo, estaba harto de su vida, aunque no le iba mal. Era productor discográfico. Pero también jugaba a la ruleta en el casino, quizá necesitaba algo de aleatoriedad en su vida. No mucho, solo como pequeño vicio. Sin embargo, su mente inquieta le hizo ir más allá. Poco a poco fue observando cómo ciertos números de la ruleta salían con más frecuencia que otros. Es decir, cabía la posibilidad de que este juego de azar no fuera tan de azar. Y aquí viene la primera lección. Continúa leyendo Los Pelayos. El método científico y la perseverancia →







