Los 10 hábitos más absurdos que heredamos de nuestros padres

“Los malos hábitos son como una cama confortable, es fácil meterse en ellos, pero difícil salir”

PlanchaTodo sea dicho desde el respeto y el cariño. A nuestros padres y madres les debemos mucho, eso nadie lo pone en duda. Sin embargo, también es cierto, que a través de su educación fuimos heredando hábitos absurdos, que o bien no tienen ningún sentido, o bien son directamente una pérdida de tiempo. Lo peor es que casi de forma instintiva los seguimos repitiendo aún cuando somos adultos. Aquí va mi lista de los 10 hábitos más absurdos en los que fui educado, y de lo que casi seguro compartiréis alguno:

  1. Echar solo 10€ de Gasolina en vez de llenar el depósito. Si, es cierto, en nuestra infancia serían 1000 pesetas, pero es lo mismo. ¿Qué sentido tiene emplear más de 10 minutos para ir a la gasolinera, y luego solo echar 10€? Lo más normal, es aprovechar al máximo ese tiempo, y llenar siempre el depósito para tardar lo más posible en volver a visitarlo. Yo al menos es lo que hago siempre.
  2. Planchar ropa que no se ve. Siendo sincero, nunca he planchado nada que no se viera, pero en mi casa se planchaba to-do. Calzoncillos, bragas, calcetines, ¿para qué? Aun en el dudoso caso de que una nuestras conquistas apreciara lo bien que tenemos planchada la ropa interior, ¿pensáis que ese sería un motivo para repetir?
  3. Esperar más de dos horas para hacer la digestión. Este se lleva la palma. La de horas que habremos tenido que sufrir esperando que nos dieran permiso para irnos al agua. El agua era como una bestia que al contacto con nuestro cuerpo nos haría pupa. Eso casi nos convertía en Gremlins, “noooo, que no me toque el agua que se me corta la digestión”. En este artículo explica perfectamente el proceso de corte de digestión. Resumiendo, si has comido un bocata en una piscina, y te metes despacito en el agua, no hay problema. Si has comido un chuletón, te has tomado dos carajillos, luego un partidito con los colegas y para refrescarte te tiras de cabeza al agua (ups, yo he hecho todo esto), pues estás jugando a la ruleta rusa y rifándote un corte o algo peor.
  4. Salir de viaje con la casa a cuestas. ¿Recordáis la escena? Varias maletas, vajillas enteras, nuestros juguetes. Yo he llegado a llevar en el coche de vacaciones un Spectrum 48K y la tele, además de una bici Orbea Furia. Tela. En otra ocasión recuerdo un Madrid – Levante, con 6 en un Ford Fiesta, abuela, nietos, padres, en fin un clásico de los 80. No hace falta llevarse todo, y lo peor es que es un hábito que es muy difícil de quitar aún hoy en día.
  5. No dejarse nada en los platos. En una sociedad sobrealimentada, ¡qué manía con comerse todo! Dejarse algo en el plato, hoy en día, es signo de inteligencia y salud, no al revés. Supongo que en una época en la que no se sabía cuándo se iba a comer de nuevo esto era importante. Hoy en día no. No insistamos a nuestros hijos en esto, que coman la cantidad que quieran.
  6. Aprenderse la lección de carrerilla. Recuerdo tener que aprenderme letra por letra, palabra por palabra, una lección entera de historia o sociales. No tenía ni idea de qué iba, pero recuerdo que me fijaba en las imágenes para acordarme de la primera palabra y que saliera todo de corrido. Luego sufría el “efecto vómito” en los exámenes, echaba todo ahí, y cuando salía por la puerta no recordaba nada. Esta bien ejercitar la memoria, pero saber la famosa lista de los reyes godos, sin un contexto histórico, es como saberse la letra de una canción de memoria.
  7. Comer siempre dos platos y postre. En la línea del 5º punto, hoy en día meterte dos platazos y un postre no tiene mucho sentido si trabajas en una oficina y estás todo el día sentado. En otra época o incluso hoy en día si tienes un trabajo más activo, vale. Pero ya te digo, que si estás leyendo este blog, con un solo plato, y comiendo más veces al día tienes más que suficiente. Aquí tienes algunas ideas para llevar una dieta equilibrada.
  8. Ir siempre a hacer la compra. Ya lo comenté en otro artículo, hoy en día se puede ahorrar tiempo (y dinero) haciendo las compras por internet. Ojo, no estoy hablando de no ir nunca a un mercado. De hecho, hay productos que es mejor verlos en persona. Pero ¿qué beneficio me reporta a mi vida agobiarme y cargar con 20 latas de coca-cola, 4 litros de cerveza, jabones, yohogures, cereales, etc? ¿Por qué tengo que esperar una cola en un sitio para pagar y luego tener que llevar todo eso al coche yo solo? ¿No es mejor irte al parque o dar un paseo con tu pareja mientras preparan y te traen tu pedido?
  9. Ir al banco a realizar operaciones bancarias. Esto ya va siendo menos habitual, pero aún se dan casos. Casi todos los bancos disponen de un acceso online para realizar casi todas las operaciones, sin embargo, aun se ve gente que va personalmente a pagar los recibos. No imagina peor forma de emplear unas horas. Desconozco el detalle de atracos Vs fraude en banca online, pero intuyo que aún hoy en día es más probable que te atraquen a la salida de un banco, a que un hacker te robe por internet.
  10. Hacer la cama con mantas y sábanas. Desde que Ikea popularizó la funda nórdica, tardar más de 3 min en hacer una cama es una pérdida de tiempo. Coloca la sábana bajera, luego otra sábana, luego la manta, luego saca el embozo (curiosa palabra por cierto), luego las almohadas y el edredón. Método sueco: sábana bajera, funda nórdica y almohadas. Un minuto por fase yendo muy tranquilo.

Como he dicho al principio, la lista de buenas costumbres y hábitos que nos han transmitido nuestros padres y madres daría para un blog por sí mismo. Pero esto no quita el hecho de que algunos otros no tengan ya tanto sentido. ¿qué otros hábitos se os ocurren que hayamos heredado y que se pueden añadir a la lista?

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