Si algo no funciona, se tira y se reemplaza, la reparación es la última opción. Quizá deberíamos empezar a pensar en más en reparar y menos en reemplazar. De hecho, creo que es lo más valiente, tanto con los bienes materiales, como con las relaciones, las personas, o la propia sociedad.
A nadie en su sano juicio, se le ocurriría relacionar el incremento en el consumo de productos orgánicos con el autismo, ¿o sí? Pues bien, resulta que el autismo, y lo conozco de cerca, es un síndrome muy complejo que por desgracia de los padres que lo tienen sufrir, se presta a todo tipo de elucubraciones sobre su origen. Si yo fuera padre, estaría más que harto de que relacionarán algo que ha salvado la vida de tantos niños en el mundo como son las vacunas, con un síndrome del que todavía tenemos que aprender tanto.
Y de repente, todo parece que dio un vuelco. Quizá fue el 15 de Marzo, pero de pronto, nuestra generación se dio cuenta de que habíamos dejado de lado nuestra responsabilidad como ciudadanos y nuestra relación con la política. La habíamos subcontratado. La indignación de los indignados, va dirigida contra la “clase política”, pero también creo que esconde parte de auto-indignación, porque si hubiéramos hecho bien nuestro trabajo, esa clase política “externa”, sería nuestra, o al menos, nos sentiríamos identificados, según las preferencias de cada uno, con unos u otros.
Esos países existen. España fue uno de esos países, y esa falta de burocracia administrativa es la que en muchos casos les impide progresar. Tener claro de quien son las propiedades, a quién le corresponden las ayudas, cuántos parados hay, etc… es clave para el funcionamiento de una sociedad.
Siempre he oído presumir de que España no es un país racista. No lo tengo tan claro. Son este tipo de comentarios y actitudes acerca de colegios más o menos “españoles”, los que nos sacan los colores. La cuestión, como en el caso de la solución final es, ¿cuándo alguien nacido en España es español por derecho propio? ¿Cuántas generaciones tienen que pasar? Me temo que la única respuesta válida es que nunca hay que hacerse estas absurdas preguntas.
Me parece de una crueldad INTOLERABLE, que alguien ponga imágenes de vivisecciones o experimentos animales, y no se muestren vídeos con el día a día de familias que lloran de desesperación al ver cómo sus hijos, con síndrome de maullido del gato, son incapaces de dormir o comer. Y esto no solo un día, sino muchos días, durante muchos años.

