La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la cosa más fácil, hablar mal de los demás - Epicteto

Lo siento, te he engañado. No, no voy proponerte que seas un tarugo en un ring de boxeo, y que recibas golpes sin parar hasta que el otro se canse
Más bien lo contrario, voy a intentar que evites la mayoría de golpes posibles y que sepas encajar los inevitables. En definitiva, que te conviertas en el Rocky III y no en el Rocky I o II.
Es curiosa la mayor importancia relativa que la damos a algunas cosas. Sobre todo cuando no debería ser así, o al menos deberíamos ser capaces de tomarlo en su justa medida. Por desgracia, nuestro cerebro no parece funcionar así y se siente atraído hacia ellas. Me refiero en concreto a las opiniones negativas y al excesivo peso que pueden tener en nosotros.
Cuando uno hace un trabajo y este es expuesto en público, mi experiencia tanto como lector u oyente, es que nos ponemos a buscar el fallo de quien expone, por defecto. Aunque deberíamos pensarlo dos veces antes de criticar el trabajo de los demás, es casi inevitable. De hecho, que critiquen tu trabajo es muy positivo, siempre y cuando sepamos cómo encajarlo, la crítica sea constructiva y podamos pasar a la acción para hacer alguna mejora.
En el post de hoy me gustaría compartir con vosotros algunas ideas para identificar las críticas realmente útiles, minimizar el excesivo impacto de las inútiles, y saber cuáles podrían ser los siguientes pasos que nos hagan crecer a partir de ellas.
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