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Febrero 2012

Los Pelayos. El método científico y la perseverancia

Allí estaba. Mirando con ansiedad hacia la mesa. La bolita no terminada de caer. Llevaba dando vueltas una eternidad. Empezaba a rebotar, ya se acercaba el final. 19, 19, 19. Era casi imposible, no podía ser. Todo se empezaba a poner borroso, notaba en los ojos una sensación extraña, el pulso se relajaba demasiado. Luego todo negro. Cuando despertó, 5 personas de su familia le rodeaban y su hijo le daba palmadas en la cara.